
Mis labios
pronunciaron
por última vez
tu nombre,
cerré la puerta
de mis ojos
y enterré tu fríaldad
bajo mis pestañas,
mi boca no te nombra,
mis ojos no te buscan,
mis pasos
por fin se detienen,
cerré las puertas
al dulce encanto
que provoca el amor
y a la mediocridad
de un te quiero gris,
empuñé mis manos
y se me escapa el calor,
ahora lo sé:
¡te estoy olvidando!

¡Qué bonito! Me gusta mucho, te felicito.
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